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Wednesday, November 24, 2004
¿]Te acuerdas del 24 de noviembre del 2001? ¿Te acuerdas de que bailaste en sus brazos ante el asombro de todos? ¿Te acuerdas de las palabras cursis que les dediqué? Yo estuve un poco ausente, pero ese día me convencí de que, si tengo alguna imagen del amor, son ustedes a sus 50 años de casados, tan juntos como el primer día. Nunca los vi cansados de estar juntos, nunca una pelea, nunca la falta de un cariño. ¿Te acuerdas de lo que él dijo hace un año por estos días? Que quería morir a tu lado, en su cama, platicando contigo. Hace un año ya habíamos perdido el privilegio de su voz serena, pero a ratos nos regalaba alguna mirada fija y sileciosa, de ojos que se le habían hecho más negros y más intensos. Luego los cerraba otra vez. Yo siempre quise pensar que él no perdió el control sobre lo que le estaba pasando. ¿Te acuerdas cuando se nos escapaba de la cama y con la mente se transportaba a otros lugares:al metro, a sus excursiones, a su amada escuela? Ustedes lo veían como un delirio del que era necesario despertarlo. Seguro creíamos que con cada escapada mental se nos iba alejando físicamente cada vez más y más. No debimos haberlo despertado, no debimos hacerlo regresar al sopor de la misma cama, las mismas sábanas, la misma voz de la enfermera que te trataba como el niño que no eras y que odiabas, la misma comida insípida que te sacaba gestos. Haberlo dejado pasear cada vez que quería hacerlo.
Hasta el último momento él fue dueño de sí, y tengo la certeza de que él nos dejó justo cuando quiso dejarnos. El último gesto, el último esfuerzo, dedicado a tí: todavía permaneció contigo el día de su 52 aniversario. Si aplazar su partida justo un día más para no dejarte sola no es amor, entonces sí no tengo la más remota idea de lo que eso pueda ser.

Posted at 09:15 am by agua
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Monday, November 22, 2004
"Efectivamente, era un viaje. Eras un barco rumbo al horizonte. El mundo no es plano, desapareces pero llegas a otras tierras. A veces nos aferrábamos a gritarte desde nuestra orilla pero no hay ancla que alcance a clavarte aquí.
La ausencia de tacto o el tacto helado, el silencio. Tocarte era saber que me veías con tus ojos cerrados. Mi imagen dentro de tus párpados, mis palabras sin voz. ¿Oías mis débiles pensamientos? Creo que más que mi voz, sí.
Haberte dejado viajar más, haberte dejado voltear la cabeza hacia el horizonte al que te dirigías inexorablemente. Te hacíamos ver siempre este triste muelle que ya no te bastaba. ¿Mortalidad es fragilidad?

A veces creo que muriendo superaste la mortalidad. Libre ya de las barreras que esclavizan nuestra existencia:el tiempo y el espacio, que sólo existen mientras lo hagan nuestros cuerpos pesados y vulnerables. Ahora eterno e infinito. Es la única certeza que me dejas. Y seguramente me basta.
¿Qué veías? ¿Qué soñabas? Ahora sé que veías a ambos lados al mismo tiempo, aún tras las nubes, hacia el lugar vedado para nosotros, tú sí lo veías. Viéndote a tí, a nosotros y a la eternidad a un mismo tiempo"
No voy a mentir: hace mucho que no lloro por ti. Quizás te me cuelas en mis constantes tristezas, quizás ellas me recuerdan tu último frío, el frío que no se sentía con las manos, el que atravesaba todo el cuerpo con sólo acercar un dedo hasta clavarse como un alfiler de hielo en el pecho, en la garganta; el que me enfriaba toda. Han sido ya casi 365 días sin ti, algunos más sin tu voz, muchos más sin las creaciones de tus manos, una inmensidad sin la ayuda de tu voz. Y sin embargo sigo aquí. Y sin embargo seguimos todos. No te extraño desesperadamente como pensé. Las lágrimas se detuvieron. Nunca hubo una noche de insomnio.
No sé si te he superado. No sé si te creo ausente, paseando, durmiendo, escondido. No sé dónde estás, pero ya no me afano en buscarte, ya no te espero. Tu ausencia es una temporalidad permanente que ya voy tomando por dada... Tu agonía se ha vuelto ahora un episodio muy borroso que a veces siento que sólo vi, pero no viví.
***
Posted at 05:47 pm by agua
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Wednesday, November 17, 2004
"Así pasé todos los viernes, sábados y domingos de mi vida. Imaginando que la felicidad era eso, que la felicidad estaba en los caminos, en los hoteles, haciendo el amor. Imaginando que todo podía detenerse por estar a tu lado, sintiendo que todo podía calmarse por estar contigo."
"Así nos detuvimos en mil aguas por los caminos: ríos y estanques, apancles y albercas, gélidos o hirvientes, sucios o transparentes en Tepoztlán, en Matehuala, en Comanjilla, en Chiapas y en Mazatlán. Me acuerdo de las aguas en la cascada de San Antón y en las cascadas de San Miguel."
"¿Y las plazas? ¿Te acuerdas de todas las plazas? (...)
Y las fuentes, y los parques y jardines (...) ¿Y te acuerdas de todas las escaleras que subimos?(...)¿Y los arcos? ¿Te acuerdas de todos los arcos? (...) Me acuerdo también de las cúpulas (...) y de los puentes. (...) Me acuerdo de todo, de todos los lugares que juntos recorrimos. Y me acuerdo de que en todos
hi
ci
mos
el amor."
"Yo no me acuerdo de nada, todo lo he olvidado. Apenas si recuerdo el peso de tu cuerpo sobre el mío, lo tibio de tus manos y de tu pecho, lo frío de tus nalgas y de tus pies, lo duro, lo rasposo, lo perfumado. Ya se me olvidaron tus rincones, esos que tan cuidadosamente exploré y que tan bien conocía. Ya se me olvidaron tus olores y tus sabores. Necesito otra vez recorrerte, tocarte, sentirte, para poder acordarme de todo. Necesito tocarte porque ya todo se me olvidó."
"¿Ya tenían nombre mis partes, mis huecos, mis curvas, mis rugosidades, mis lisuras, mis valles? ¿Ya teníamos nombre o nos lo pusiste tú? ¿De qué color es mi piel del otro lado, tú que ya la volteaste una y otra vez? ¿Dónde empieza y dónde acaba todo, cuándo es oscuro y cuándo tiene luz, cuándo está húmedo o duro, cuándo es seco o suave, a qué sabe mi cuerpo, qué se siente estar en mí? ¿Sabes reconocer la alegría de mis escondites cuando los encuentras tú? ¿Distingues los sabores y los olores antes y después de ti? Tú que todo lo sabes, tú que todo lo has visto, tú que en todas partes te has metido"
"Sin saber por qué, lloré un amanecer en Oaxaca y varias noches en el cuartucho de hotel de San Luis y toda la tarde en el hotel de Guadalajara. Pero nunca lloré como en Oaxaca, en las nieves de la Soledad y nunca como en Querétaro, echada en una cama con colcha de flores verdes, frente a unas cortinas de flores verdes. Sin saber por qué, empecé a llorar demasiado seguido."
"Tuve miedo de que este amor se volviera menos vasto que mis fantasías, más opaco que mis ensueños. Tuve miedo de sentir calma, de tener paciencia, de los lugares comunes, de la repetición, de peder los secretos y perder los encantos, de la indiferencia, de no oír a lo lejos tus pasos, de no alegrarme con el rechinar de tu coche lejano, de no perseguir tu sombra, tus huellas, tu eco. Tuve miedo de no poder conservar esta isla, de no poder mantener encendido el fuego sagrado, de no dejar para siempre abiero el horizonte infinito de Dios. Tuve miedo de la costumbre, miedo de poder dormir
pro
fun
da
men
te."
(Sara Sefchovich, Demasiado Amor.)

=Y cómo no quieres que te extrañe=
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Saturday, November 13, 2004
Esas primeras celebraciones elitistas llamadas Noches Coloniales
No me acuerdo...bueno, la verdad sí. Eran las Spice Girls las que sonaban en mi estéreo por esos días... y a veces Molotov, más por morbo y absurda rebeldía.
Con la secundaria te inicias en estas fiestas. Me corrijo: con la secundaria de monjas, o de perdida con la secundaria privada, porque desde el nombre "Noche COLONIAL" y las simpáticas estudiantinas con sus ridículas vestimentas medievales empieza, si no lo discriminatorio, sí lo diferenciatorio... que a ver si a fin de cuentas no es lo mismo.
Claro, no se le cierra la puerta a nadie, pero los invitados implícitos y explícitos son los colegios "hermanos", de niños y niñas bien que estén interesados en pasar las últimas noches de otoño
comiendo papas en espiral y donas, dando vueltas por el patio de una escuela ajena. De fondo, los acordeones y las castañuelas que sólo se distinguen y se perciben concientemente cuando se ha abandonado definitivamente la pubertad y que marcan el ritmo de los aplausos que sólo te atreverás a dar entrada la vejez; pero antes, son sólo un elemento más al fondo del escenario de las que probablemente son las primeras noches de independencia.
(Y tal vez tengas razón: el carácter dominante de nuestras escuelitas religiosas se nos meten tanto en la vida, que incluso son ellas las que deciden cómo inicia nuestra adolescencia, pues arman todo el teatro que lo envuelve dentro de sus propias paredes)
Sí, así nos estrenamos en las escuelas privadas, en un ambiente tan esponjoso y dulce como el algodón de azúcar que puedes comprar cambiando diez pesos por billetes de cartón o fichas de plástico de colores.
En el escondite oscuro que ofrecen los jardines de los colegios de monjas, un cigarro clandestino, o en el mejor de los casos, tu primer beso. Si no, paseas del brazo de tu mejor amiga por el patio, recorriendo los puestos una y otra vez sin darte cuenta de lo que venden: estás siguiendo a ese guitarrista tan guapo que acaba de bajar del escenario y que con su capa negra de estudiantina que le llega hasta la pantorrilla parece un Batman sin máscara.
Llevas una blusa nueva y te rehúsas a ponerte el suéter aunque diciembre se sienta con toda su furia en cada ventisca helada que hace crecer cada vez más la fila para comprar ponche o chocolate o café capuchino.
Los grupos de amigos raramente son mixtos, como las escuelas privadas; sólo los más grandes o los más populares rompen con la regla de los tres o cuatro niños o niñas, siempre separados por sexos, dando vueltas alrededor del patio.
No es tanto tiempo. Han pasado ocho años desde que comencé a visitar las noches coloniales de otras escuelas que no fueran la mía, y me parece realmente muy poco tiempo. Inclusive podría decir con quién estuve o cómo iba vestida. Es cierto, nunca me involucré demasiado porque nunca pertenecí a la estudiantina de mi gloriosa escuela y sobre todo, no entraré en detalles sobre mi popularidad o falta de ella, pero como para todas, las noches coloniales fueron la insignia de mi secundaria. Qué ternura.
No me sentiría tan lejana de no ser porque ahora fue la primera noche colonial de mi hermano, sí, el que gateaba cuando yo entré a secundaria. Pero todo cambia, porque ahora yo estoy en las sillas enfrente del escenario, con todos abuelitos llevados a fuerzas y los papás que se desviven por tomar una foto al hijo cantor, por saludarlo, por aplaudir más fuerte que ningún otro papá, por organizar porras. Ajá... mi hermano canta en el coro de su secundaria... y me parece increíble pensar que hace ocho años mirábamos de reojo al mismo grupo, sonrojándonos si nos descubria ese guitarrista tan guapo. Y lo increíble es que suene tan igual, a pesar de que el guitarrista ahora es tan viejo como yo, cuando ayer éramos tan chaparros como mi hermano y sus compañeros, que ahora hacen del coro lo mismo que hicieron otros totalmente distintos hace ocho y más, muchos más años. Luego mi hermano terminará de cantar y bajará, y se comprará papas en espiral y una coca-cola, y caminará por los patios bien cuidados de las escuelas con sus amigos, y le cambiará la voz cuando hable con ellos, y se empezará a fijar en una guitarrista guapa, y querrá llegar solo y estar solo e irse solo de estas cosas... es decir, sin nosotros, sin mí y sin mis padres, especialmente.
Puedo decirte que hace ocho años no se llamaban Alberto y Eduardo y Felipe, se llamaban Pipo y Javier y Jaime... pero inexplicablemente suena absolutamente igual, como si el coro tuviera vida propia y él fuera el que prestara su voz y su música a los coristas y no viceversa ¿Cómo concebir que es que ahora mi hermano ocho años menor es el que pone el fondo musical a mis noches de secundaria? ¿Que yo vuelva a ser la treceañera que camina mordiendo una dona?
  
Posted at 10:15 pm by agua
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Wednesday, November 10, 2004
Es que tengo unas ganas de que...

...Olores a abril y mayo en fines de mi otoño.
Posted at 10:05 pm by agua
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Tuesday, November 09, 2004
¿Y hoy te despertarías dispuesto a dedicarle tiempo a dilucidar qué pasaría contigo si me muriera? ¿Y hoy podrías escribir lo que justo hace un mes me escribías? ¿Hoy podría ser tu mundo, tu objeto más amado, tu deseo, tu obsesión?
Cómo me duele saber que no.
Posted at 05:57 pm by agua
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Sunday, November 07, 2004
Una estola de plumas moradas
Querrías que esta fuera una noche como las otras. No hace falta esconderse: nadie va a buscarte, pero la paranoia te lleva a desconectarte del mundo apretando el botón de apagado del celular como quien apretara el botón de la desaparición.
Querrías que esta fuera una noche como las otras, que nada perturbara tu sagrada "paz"... muy entre comillas, porque la soledad casi siempre termina por sumirte en una guerra con tus pensamientos, en un torrente de reproches cuando miras, desde la atalaya del sábado y domingo, tus sucesos de lunes a viernes.
Querrías, si lo piensas un poco más y te desnudas de armas, ser más normal y hasta un poco más conformista, y olvidar ese puritanismo al que tu odio a las convenciones te ha orillado.
Te siente envejecida mientras te vas metiendo a los pantalones de la piyama, y te preguntas... ¿qué hace tu otro yo?, ¿se disfrazó como lo pedía la invitación? Esa otra tú no piensa las cosas, no les da vueltas, y se habría puesto una estola de plumas moradas como toda preparación y toda compañía. Allá, bailará las canciones más absurdas, celebrará los chistes más estúpidos, dirá las cosas más superficiales, chocará copas y cantará sinceramente los himnos de la diversión fácil. O tal vez no. Seguramente no, porque ella no existe, y lo sabes muy bien, pero hay otra. Ella también se puso una estola de plumas moradas, pero lamentó no haber buscado un antifaz... Qué accesorio. "Así no podrían ver mi cara de angustia por haberme aventado sin precauciones al ruedo", pensaría ya para llegar. Las entradas siempre la asustan. Más ahora, tan poco habituada a la individualidad que antes tenía, ya tan lejana de las compañías de antes... y pensando en ello, le vuelve a la cabeza ese mismo lugar tres años atrás. Tenía un encendedor azul eléctrico y un recién estrenado look "radical"... muy entre comillas... y una plática la emocionó lo que nunca por su sabor de ilusión y de expectativa... lo que ya jamás. Mejor no esperar nada para ahora, porque cada paso lo da pensando y temiendo, pero no tanto pra quedarse escribiendo, encogida y escondida. Irá reconociendo rostros con paranoia creciente y no sentirá ninguna gana de resultar simpática, fingirá independencia que es en realidad terror de estar ahí, a la deriva por... ¿cuánto?, ¿cuatro horas como mínimo?, ¡y a la vista de los demás! Caminará sola fingiendo ir por bebida, por comida, al baño, a las máquinas de apuestas... angustiada, porque no importa lo que se vea-suene-pase allá afuera, el terror se habrá instalado y su ánimo no cambiará. Rogará por que pronto dé la hora de marcharse y se sentirá frustrada por su silencio y por lo que llamará "su cobardía" porque no sabe en realidad que ha sido muy valiente, y que la verdadera cobardía es quedarse especulando, pensando pretextos a pesar de que ya nadie pregunta. ¿Querrías que preguntaran? Mejor querrías volver a desear un círculo para encajar, un nuevo ambiente que conocer y mostrarte ilusionada por encontrarlo. Querrías ser anónima y empezar de nuevo atrás de un antifaz de lentejuelas moradas y una estola a juego... y una sonrisa que no teme caer de vez en cuando en luagares comunes, y que no depende de ninguna voz para aparecer. Querrías dejar por fin este talante de adolescente desadaptada.

Posted at 11:42 am by agua
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Tuesday, November 02, 2004
Sé que esto se ha convertido muchas veces en una carta abierta para ti, una carta que puedes o no leer y de la que puedes o no opinar. Sé, aunque casi nunca hablemos de ello, que por momentos tus ratos de ocio en la computadora te llevan a ver si los míos me han llevado a escribir algo nuevo. Por eso este medio es en gran medida misterioso, porque la duda de tu mirada sobre mis letras me privilegia, y me hace más libre que la voz que no guarda ninguna pregunta, pero sí mucha torpeza de mi parte, mucha prisa y mucho atropellamiento. La duda también me absuelve de ser atosigante, porque las letras que coloco ahí para ser vistas sólo si te atraviesas por el camino no pueden ser acusadas de asfixiantes. Así, aprovechándome de esta libertad de la que quizás no debería ser tan consciente, te vuelvo a escribir, sintiendo como nunca la urgencia de dirigirme a ti, para decirte mucho de lo que queda vencido por mis risas nerviosas o el sueño o el silencio. Lo que voy a escribir es, en resumidas cuentas, un puñado de justificaciones toscas que buscan tu paciencia... tu permanencia conmigo a pesar de mí, tu capa escondiéndome como el viernes. Pero sé que te desconcierto y hasta te asusto... y me pesa hacerte soportarme, y no poder ser como antes, y dejarme llevar por sentimientos descompuestos todo el tiempo y culparte en silencio a veces cuando siento ese nudo apretándose en la garganta, que ya aparece por cualquier cosa. Te necesito. Sé que tú también lo sabes... y que a veces preferirías que no fuera así, que mi independencia fuera la de antes, la de los tiempos en los que me conociste y yo presumía de una fortaleza y una frialdad que se han desvanecido o que quizás nunca existieron. Ahora necesito desesperadamente guardarte entre mis brazos, tu olor en las fosas de mi nariz, la temperatura de tu boca entre mis labios. Como nunca. Acariciarte largamente por temor a que te me desaparezcas también un día... (¿y si de tanto sobarte te desgastas?) Y es que todavía me sorprendo por la forma en que sabes destapar mi espontaneidad y en la que liberas tantas trabas que en otros territorios me oprimen o me inmovilizan. Pero no me dices qué piensas... y yo me quedo viéndote dormir, aunque no sea muy saludable hacerlo con todo mi cargamento de miedos y angustias, sin saber muy bien qué sentías antes de cerrar los ojos. Probablemente nada, porque este darle vueltas a todas las cosas es únicamente problema mío, este preocuparme hasta la muerte por nimiedades. Probablemente no sentías nada... una paz que no es rota por ningún miedo, pero tampoco por el revuelo que alguna vez la emoción de la novedad y de mí te causamos. Quiero que me extrañes, pero no sé guardar la distancia, quiero besarte con todas mis fuerzas cuando te veo y sentir que estarás pegado a mis labios por siempre. Tengo que dejarte respirar, lo sé, pero tú me das respiración de boca a boca y si me alejo, siento que me ahogo yo. "Qué bonita”, me dijiste anoche... y me basta para seguir respirando, para buscarte con devoción, para seguir creyendo que más allá de ti no hay nada. Ojalá no sintiera la necesidad de preguntarte “¿me quieres?”... pero no me lo tomes a mal, porque no es que dude de ti. Es la inseguridad que siento sobre mí, el miedo de que esta persona en que me he ido convirtiendo te resulte insufrible algún día no muy lejano.
Pensaré en nosotros abrazados en un rincón, par de vampiros en la fiesta de disfraces del viernes. Cabezas juntas. Pensaré en nuestra tarde en Tepoztlán, en nosotros en nuevos lugares, en el sabor de libertad y pequeña aventura. Pensaré en ti... en que no quiero descomponernos, arruinarnos, porque sé que si pasara algo, me echaría la culpa por siempre.
***

(Quiero dejar de sentir este peso, este nudo ciego en las entrañas que ya me molesta ahora desde que despierto. .. pero no puedo concebir el amor sin sentirlo en cada nervio, en cada una de mis diez uñas, golpeteando en el interior de mi cabeza . Entregarme de lleno, perder el sentido. No me es posible creer en amar con el cerebro, en conservar la cordura. Ojalá pudiera decírtelo. )
***
Posted at 12:09 pm by agua
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Sunday, October 31, 2004
All you need is love ta ta ra ta ra
"No basta ser feliz, es necesario que los demás sean desgraciados"
Nacha Guevara
(jajaja)
Posted at 11:55 am by agua
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Tuesday, October 26, 2004
Abrazando la eternidad.... in-finita.blogdrive.com
Pensar en el infinito siempre me ha dado dolor de cabeza... En mis clases de Matemáticas me enseñaron que a los números siempre se les puede añadir algo más, pero las de religión fueron más contundentes, y me dijeron que Dios puede estar en todos lados en todo momento, que el infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan y donde está uno por siempre. Nunca he sentido a los números, ni a Dios ni al infierno, el infinito no ha sido más que un símbolo desconcertante en el pizarrón, una figura hipotética que nunca he alcanzado a conceptualizar, que nunca he alcanzado a hacer mío porque yo soy la expresión más plena de su contrario: la finitud.
Y sin embargo, hoy he escrito "nunca" y "siempre" sin ninguna reticencia, como si conociera el significado de esas palabras que en mi condición de humana me está vedado... aunque quizás sí las conozco.
Dos veces en la vida me ha pegado de golpe con todas sus letras el NUNCA, y por lo tanto, el SIEMPRE. El golpe duró un instante, pero me reveló por segundos lo que el universo vería si tuviera ojos, y sentí lo que sentiría si no existiera mi cuerpo que marca mi frontera y señala mis horas.
Dos veces: la primera fue dolorosa. Me llegó con la plena comprensión momentánea de lo que hasta un momento antes habia sido solo suposicion, imaginacion, construcción social, papel aprendido. La palabra NUNCA abrio una grieta y dejó salir un torrente de sensaciones inéditas: el dolor verdadero, el final definitivo. La muerte es el máximo NUNCA y me tocó hace casi un año... Y ese NUNCA ha sido inexorable, no se ha vuelto un MIENTRAS, como alguna vez creí.
La segunda vez fue el NUNCA en su forma de SIEMPRE, y fue una revelación más conciente porque la fui asimilando poco a poco, hundiéndome cada vez más fuera de mí hasta acariciar el universo y odiar como nunca este cuerpo limitado, esta vida tan corta, estos relojes tan crueles... porque sentí con toda su plenitud el deseo de ser eterna, mejor dicho, de ser ETERNOS. Tú y yo. Eternos. Tú y yo. Abrazados para SIEMPRE. Acariciándote con mi cuerpo infinito. NUNCA desprendernos. Tú y yo en un eterno antes de dormir.
Posted at 05:59 pm by agua
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