Intento número 2




Saturday, November 13, 2004
Esas primeras celebraciones elitistas llamadas Noches Coloniales

No me acuerdo...bueno, la verdad sí. Eran las Spice Girls las que sonaban en mi estéreo por esos días... y a veces Molotov, más por morbo y absurda rebeldía.
Con la secundaria te inicias en estas fiestas. Me corrijo: con la secundaria de monjas, o de perdida con la secundaria privada, porque desde el nombre "Noche COLONIAL"  y las simpáticas estudiantinas con sus ridículas vestimentas medievales empieza, si no lo discriminatorio, sí lo diferenciatorio... que a ver si a fin de cuentas no es lo mismo.
Claro, no se le cierra la puerta a nadie, pero los invitados implícitos y explícitos son los colegios "hermanos", de niños y niñas bien que estén interesados en pasar las últimas noches de otoño
comiendo papas en espiral y donas, dando vueltas por el patio de una escuela ajena. De fondo, los acordeones y las castañuelas que sólo se distinguen y se perciben concientemente cuando se ha abandonado definitivamente la pubertad y que marcan el ritmo de los aplausos que sólo te atreverás a dar entrada la vejez; pero antes, son sólo un elemento más al fondo del escenario de las que probablemente son las primeras noches de independencia.
(Y tal vez tengas razón: el carácter dominante de nuestras escuelitas religiosas se nos meten tanto en la vida, que incluso son ellas las que deciden cómo inicia nuestra adolescencia, pues arman todo el teatro que lo envuelve dentro de sus propias paredes)
Sí, así nos estrenamos en las escuelas privadas, en un ambiente tan esponjoso y dulce como el algodón de azúcar que puedes comprar cambiando diez pesos por billetes de cartón o fichas de plástico de colores.
En el escondite oscuro que ofrecen los jardines de los colegios de monjas, un cigarro clandestino, o en el mejor de los casos, tu primer beso. Si no, paseas del brazo de tu mejor amiga por el patio, recorriendo los puestos una y otra vez sin darte cuenta de lo que venden: estás siguiendo a ese guitarrista tan guapo que acaba de bajar del escenario y que con su capa negra de estudiantina que le llega hasta la pantorrilla parece un Batman sin máscara.
Llevas una blusa nueva y te rehúsas a ponerte el suéter aunque diciembre se sienta con toda su furia en cada ventisca helada que hace crecer cada vez más la fila para comprar ponche o chocolate o café capuchino.
Los grupos de amigos raramente son mixtos, como las escuelas privadas; sólo los más grandes o los más populares rompen con la regla de los tres o cuatro niños o niñas, siempre separados por sexos, dando vueltas alrededor del patio.
No es tanto tiempo. Han pasado ocho años desde que comencé a visitar las noches coloniales de otras escuelas que no fueran la mía, y me parece realmente muy poco tiempo. Inclusive podría decir con quién estuve o cómo iba vestida. Es cierto, nunca me involucré demasiado porque nunca pertenecí a la estudiantina de mi gloriosa escuela y sobre todo, no entraré en detalles sobre mi popularidad o falta de ella, pero como para todas, las noches coloniales fueron la insignia de mi secundaria. Qué ternura. 
No me sentiría tan lejana de no ser porque ahora fue la primera noche colonial de mi hermano, sí, el que gateaba cuando yo entré a secundaria. Pero todo cambia, porque ahora yo estoy en las sillas enfrente del escenario, con todos abuelitos llevados a fuerzas y los papás que se desviven por tomar una foto al hijo cantor, por saludarlo, por aplaudir más fuerte que ningún otro papá, por organizar porras. Ajá... mi hermano canta en el coro de su secundaria... y me parece increíble pensar que hace ocho años mirábamos de reojo al mismo grupo, sonrojándonos si nos descubria ese guitarrista tan guapo. Y lo increíble es que suene tan igual, a pesar de que el guitarrista ahora es tan viejo como yo, cuando ayer éramos tan chaparros como mi hermano y sus compañeros, que ahora hacen del coro lo mismo que hicieron otros totalmente distintos hace ocho y más, muchos más años. Luego mi hermano terminará de cantar y bajará, y se comprará papas en espiral y una coca-cola, y caminará por los patios bien cuidados de las escuelas con sus amigos, y le cambiará la voz cuando hable con ellos, y se empezará a fijar en una guitarrista guapa, y querrá llegar solo y estar solo e irse solo de estas cosas... es decir, sin nosotros, sin mí y sin mis padres, especialmente.
Puedo decirte que hace ocho años no se llamaban Alberto y Eduardo y Felipe, se llamaban Pipo y Javier y Jaime... pero inexplicablemente suena absolutamente igual, como si el coro tuviera vida propia y él fuera el que prestara su voz y su música a los coristas y no viceversa ¿Cómo concebir que es que ahora mi hermano ocho años menor es el que pone el fondo musical a mis noches de secundaria? ¿Que yo vuelva a ser la treceañera que camina mordiendo una dona?

Nuestras compañeras con el santo padre XDNuestras compañeras cantando alegremente...Y luego por qué dicen que las escuelas católicas son fascistoides...

 


Posted at 10:15 pm by agua
(3) elefantes se columpiaban  

Wednesday, November 10, 2004
Mmmm... cómo decirlo?

Es que tengo unas ganas de que...


...Olores a abril y mayo en fines de mi otoño.


Posted at 10:05 pm by agua
(3) elefantes se columpiaban  

Tuesday, November 09, 2004
Down, down to the ground

¿Y hoy te despertarías dispuesto a dedicarle tiempo a dilucidar qué pasaría contigo si me muriera? ¿Y hoy podrías escribir lo que justo hace un mes me escribías? ¿Hoy podría ser tu mundo, tu objeto más amado, tu deseo, tu obsesión?
Cómo me duele saber que no.

Posted at 05:57 pm by agua
(2) elefantes se columpiaban  

Sunday, November 07, 2004
Una estola de plumas moradas

Querrías que esta fuera una noche como las otras. No hace falta esconderse: nadie va a buscarte, pero la paranoia te lleva a desconectarte del mundo apretando el botón de apagado del celular como quien apretara el botón de la desaparición.
Querrías que esta fuera una noche como las otras, que nada perturbara tu sagrada "paz"... muy entre comillas, porque la soledad casi siempre termina por sumirte en una guerra con tus pensamientos, en un torrente de reproches cuando miras, desde la atalaya del sábado y domingo, tus sucesos de lunes a viernes.
Querrías, si lo piensas un poco más y te desnudas de armas, ser más normal y hasta un poco más conformista, y olvidar ese puritanismo al que tu odio a las convenciones te ha orillado.
Te siente envejecida mientras te vas metiendo a los pantalones de la piyama, y te preguntas... ¿qué hace tu otro yo?, ¿se disfrazó como lo pedía la invitación? Esa otra tú no piensa las cosas, no les da vueltas, y se habría puesto una estola de plumas moradas como toda preparación y toda compañía. Allá, bailará las canciones más absurdas, celebrará los chistes más estúpidos, dirá las cosas más superficiales, chocará copas y cantará sinceramente los himnos de la diversión fácil. O tal vez no. Seguramente no, porque ella no existe, y lo sabes muy bien, pero hay otra. Ella también se puso una estola de plumas moradas, pero lamentó no haber buscado un antifaz... Qué accesorio. "Así no podrían ver mi cara de angustia por haberme aventado sin precauciones al ruedo", pensaría ya para llegar. Las entradas siempre la asustan. Más ahora, tan poco habituada a la individualidad que antes tenía, ya tan lejana de las compañías de antes... y pensando en ello, le vuelve a la cabeza ese mismo lugar tres años atrás. Tenía un encendedor azul eléctrico y un recién estrenado look "radical"... muy entre comillas... y una plática la emocionó lo que nunca por su sabor de ilusión y de expectativa... lo que ya jamás. Mejor no esperar nada para ahora, porque cada paso lo da pensando y temiendo, pero no tanto pra quedarse escribiendo, encogida y escondida. Irá reconociendo rostros con paranoia creciente y no sentirá ninguna gana de resultar simpática, fingirá independencia que es en realidad terror de estar ahí, a la deriva por... ¿cuánto?, ¿cuatro horas como mínimo?, ¡y a la vista de los demás! Caminará sola fingiendo ir por bebida, por comida, al baño, a las máquinas de apuestas... angustiada, porque no importa lo que se vea-suene-pase allá afuera, el terror se habrá instalado y su ánimo no cambiará. Rogará por que pronto dé la hora de marcharse y se sentirá frustrada por su silencio y por lo que llamará "su cobardía" porque no sabe en realidad que ha sido muy valiente, y que la verdadera cobardía es quedarse especulando, pensando pretextos a pesar de que ya nadie pregunta. ¿Querrías que preguntaran? Mejor querrías volver a desear un círculo para encajar, un nuevo ambiente que conocer y mostrarte ilusionada por encontrarlo. Querrías ser anónima y empezar de nuevo atrás de un antifaz de lentejuelas moradas y una estola a juego... y una sonrisa que no teme caer de vez en cuando en luagares comunes, y que no depende de ninguna voz para aparecer. Querrías dejar por fin este talante de adolescente desadaptada.


Posted at 11:42 am by agua
(2) elefantes se columpiaban  

Tuesday, November 02, 2004
Odio el porno

Sé que esto se ha convertido muchas veces en una carta abierta para ti, una carta que puedes o no leer y de la que puedes o no opinar. Sé, aunque casi nunca hablemos de ello, que por momentos tus ratos de ocio en la computadora te llevan a ver si los míos me han llevado a escribir algo nuevo. Por eso este medio es en gran medida misterioso, porque la duda de tu mirada sobre mis letras me privilegia, y me hace más libre que la voz que no guarda ninguna pregunta, pero sí mucha torpeza de mi parte, mucha prisa y mucho atropellamiento. La duda también me absuelve de ser atosigante, porque las letras que coloco ahí para ser vistas sólo si te atraviesas por el camino no pueden ser acusadas de asfixiantes. Así, aprovechándome de esta libertad de la que quizás no debería ser tan consciente, te vuelvo a escribir, sintiendo como nunca la urgencia de dirigirme a ti, para decirte mucho de lo que queda vencido por mis risas nerviosas o el sueño o el silencio. Lo que voy a escribir es, en resumidas cuentas, un puñado de justificaciones toscas que buscan tu paciencia... tu permanencia conmigo a pesar de mí, tu capa escondiéndome como el viernes. Pero sé que te desconcierto y hasta te asusto... y me pesa hacerte soportarme, y no poder ser como antes, y dejarme llevar por sentimientos descompuestos todo el tiempo y culparte en silencio a veces cuando siento ese nudo apretándose en la garganta, que ya aparece por cualquier cosa. Te necesito. Sé que tú también lo sabes... y que a veces preferirías que no fuera así, que mi independencia fuera la de antes, la de los tiempos en los que me conociste y yo presumía de una fortaleza y una frialdad que se han desvanecido o que quizás nunca existieron. Ahora necesito desesperadamente guardarte entre mis brazos, tu olor en las fosas de mi nariz, la temperatura de tu boca entre mis labios. Como nunca. Acariciarte largamente por temor a que te me desaparezcas también un día... (¿y si de tanto sobarte te desgastas?) Y es que todavía me sorprendo por la forma en que sabes destapar mi espontaneidad y en la que liberas tantas trabas que en otros territorios me oprimen o me inmovilizan. Pero no me dices qué piensas... y yo me quedo viéndote dormir, aunque no sea muy saludable hacerlo con todo mi cargamento de miedos y angustias, sin saber muy bien qué sentías antes de cerrar los ojos. Probablemente nada, porque este darle vueltas a todas las cosas es únicamente problema mío, este preocuparme hasta la muerte por nimiedades. Probablemente no sentías nada... una paz que no es rota por ningún miedo, pero tampoco por el revuelo que alguna vez la emoción de la novedad y de mí te causamos. Quiero que me extrañes, pero no sé guardar la distancia, quiero besarte con todas mis fuerzas cuando te veo y sentir que estarás pegado a mis labios por siempre. Tengo que dejarte respirar, lo sé, pero tú me das respiración de boca a boca y si me alejo, siento que me ahogo yo. "Qué bonita”, me dijiste anoche... y me basta para seguir respirando, para buscarte con devoción, para seguir creyendo que más allá de ti no hay nada. Ojalá no sintiera la necesidad de preguntarte “¿me quieres?”... pero no me lo tomes a mal, porque no es que dude de ti. Es la inseguridad que siento sobre mí, el miedo de que esta persona en que me he ido convirtiendo te resulte insufrible algún día no muy lejano.

Pensaré en nosotros abrazados en un rincón, par de vampiros en la fiesta de disfraces del viernes. Cabezas juntas. Pensaré en nuestra tarde en Tepoztlán, en nosotros en nuevos lugares, en el sabor de libertad y pequeña aventura. Pensaré en ti... en que no quiero descomponernos, arruinarnos, porque sé que si pasara algo, me echaría la culpa por siempre.

***


(Quiero dejar de sentir este peso, este nudo ciego en las entrañas que ya me molesta ahora desde que despierto. .. pero no puedo concebir el amor sin sentirlo en cada nervio, en cada una de mis diez uñas, golpeteando en el interior de mi cabeza . Entregarme de lleno, perder el sentido. No me es posible creer en amar con el cerebro, en conservar la cordura. Ojalá pudiera decírtelo. )

***


Posted at 12:09 pm by agua
(3) elefantes se columpiaban  

Sunday, October 31, 2004
All you need is love ta ta ra ta ra

"No basta ser feliz, es necesario que los demás sean desgraciados"

Nacha Guevara

 (jajaja)


Posted at 11:55 am by agua
(2) elefantes se columpiaban  

Tuesday, October 26, 2004
Abrazando la eternidad.... in-finita.blogdrive.com

Pensar en el infinito siempre me ha dado dolor de cabeza... En mis clases de Matemáticas me enseñaron que a los números siempre se les puede añadir algo más, pero las de religión fueron más contundentes, y me dijeron que Dios puede estar en todos lados en todo momento, que el infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan y donde está uno por siempre. Nunca he sentido a los números, ni a Dios ni al infierno, el infinito no ha sido más que un símbolo desconcertante en el pizarrón, una figura hipotética que nunca he alcanzado a conceptualizar, que nunca he alcanzado a hacer mío porque yo soy la expresión más plena de su contrario: la finitud.
Y sin embargo, hoy he escrito "nunca"  y "siempre" sin ninguna reticencia, como si conociera el significado de esas palabras que en mi condición de humana me está vedado... aunque quizás sí las conozco.
Dos veces en la vida me ha pegado de golpe con todas sus letras el NUNCA, y por lo tanto, el SIEMPRE. El golpe duró un instante, pero me reveló por segundos lo que el universo vería si tuviera ojos, y sentí lo que sentiría si no existiera mi cuerpo que marca mi frontera y señala mis horas.
Dos veces: la primera fue dolorosa. Me llegó con la plena comprensión momentánea de lo que hasta un momento antes habia sido solo suposicion, imaginacion, construcción social, papel aprendido. La palabra NUNCA abrio una grieta y dejó salir un torrente de sensaciones inéditas: el dolor verdadero, el final definitivo. La muerte es el máximo NUNCA y me tocó hace casi un año... Y ese NUNCA ha sido inexorable, no se ha vuelto un MIENTRAS, como alguna vez creí.
La segunda vez fue el NUNCA en su forma de SIEMPRE, y fue una revelación más conciente porque la fui asimilando poco a poco, hundiéndome cada vez más fuera de mí hasta acariciar el universo y odiar como nunca este cuerpo limitado, esta vida tan corta, estos relojes tan crueles... porque sentí con toda su plenitud el deseo de ser eterna, mejor dicho, de ser ETERNOS. Tú y yo. Eternos. Tú y yo. Abrazados para SIEMPRE. Acariciándote con mi cuerpo infinito. NUNCA desprendernos. Tú y yo en un eterno antes de dormir.

Posted at 05:59 pm by agua
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Tuesday, October 19, 2004
Cascarón

Absurdamente, le declaro otra vez la guerra al mundo... No hay ni un solo puerto al cual nadar, ni una sola ventana para tomar aire... y, por supuesto, ni siquiera pensar en mí misma como salida. Soy la primera persona en la lista de mis odios. No tengo fuerzas para atravesar la ventana ni para hacer sonar mi voz... una vez más.

Posted at 01:49 pm by agua
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Monday, October 11, 2004
Una llorona que no sabe nada de llorar

Ya sabes cómo me gusta llorar. Debes saberlo mejor que yo misma, porque tú has notado que puedo llorar de mil formas distintas; yo no distinguía tantas. Ya se me confunden los sentimientos, porque así, llorona profesional, nunca había desmenuzado la tristeza tanto como tú lo hiciste… creo que rara vez siento tristeza. Hoy no he parado de llorar bajito o en silencio, pero mis ojos no saben disimular, y aunque sea hacia adentro, no detienen su correr de lágrimas. No me atrevo a decir que lloro de alegría, pero es lo más cercano a lo que siento. La perfección. ¿Cómo es que me hace llorar tanto la perfección? Por primera vez la perfección tangible, una perfección que poseo, que me posee y que probablemente por eso es más perfecta que las demás. Pero no puedo acabar de creérmela, porque me parece inverosímil ya no sólo el hecho de notar cómo encajas en todas mis carencias y acoges todos mis salientes como si fuéramos un par de piezas de rompecabezas que no pueden embonar con nadie más, me sorprende y me inunda cálida pero corrosivamente, me desborda de risas convertidas en lágrimas, de lágrimas convertidas en risas, saber explícitamente, con todas sus palabras, sin esconderse en falsos adornos y metáforas cobardes como yo acostumbro, que me amas. Lloro por cada detalle que notas y que yo siempre suponía imperceptible, por sentir cada pieza con la que hemos construido nuestro día a día incansable. Vuelvo a llorar, o quizás deba decir que sigo llorando, y que sigo sin explicarme por qué. Nunca supe cómo decirte la avasallador que es descubrir por instantes el significado completo de las palabras “eternidad” y “totalidad” desde mi pequeñez, cuando estamos juntos y me siento tan llena, tan completa, sin ninguna carencia y sé que no puede haber nada mejor y el tiempo parece detenerse, complaciéndome por un momento regalándome la ilusión de que realmente podría permanecer así para siempre.

Pero estoy otra vez con mis grandes razones que terminan por no entenderse… En cambio tú, con las pequeñas cosas que resaltas, dices mucho más que yo. Cosas como “me enseñaste cuán adictivo puede ser el sushi” me vuelven a desatar el nudo ciego que tengo adentro y a empujar hacia las lágrimas. Sabes, en esos detalles, en tus frases sin pretensiones, tan poco usuales donde estamos parados, en tus ojos ilusionados y admirados entre una muchedumbre difícil de sorprender es en donde encuentro la autenticidad que tanto te admiro. Autenticidad es tu aversión a los lugares comunes, a las falsas poses, a los rodeos, a la presunción, a todo lo que contrarrestas perfectamente con tu simplicidad y tu naturalidad, así, sin mayor complicación, con una sinceridad de niño.

No lloro de tristeza, quizás ni siquiera de alegría. Sólo sé que lloro de asombro. Ya sabes que tengo una afición innata a complicarme las cosas; no puedo quedarme como tú, con los ojos muy abiertos y una sonrisa iluminada; yo me hago bolas con todo lo que siento, me quedo con los ojos abiertos, pero también los cierro y la sonrisa que intento esbozar se me vuelve un puchero y me empiezan a gotear los ojos y me escondo de tanta gente fingiendo que me acomodo los lentes, llevándome de paso las incipientes gotitas que se asoman… que como ahora no paran… que se rebelan ante el dedo que les corta el camino y salen… no dejan de salir.



Posted at 05:03 pm by agua
(7) elefantes se columpiaban  

Thursday, October 07, 2004
Mírame...



...después de todo, quiero que me miren

 


Posted at 11:51 am by agua
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