... quizás porque toda mi vida ahora transcurre entre fantasmas de otros. Contactos reales: acaso dos, tres. Nadie. Soledad buscada. Soledad merecida. Se me olvida cómo es que antes hacía reir a la gente, o nunca supe. Cómo hablar. Cómo te hablé. Cómo te acercaste a mi, cuando todos los demás siempre se topan con hielo, con piedra.
No salir y no reír, y por nada del mundo mostrar interés por la vida de los otros. He llevado al extremo la no emoción, la no pretensión. Jamás fingir entusiasmo.
Me hago débil, por eso ya no puedo hacerle frente a "ella", ni a casi nadie, aunque sean tan inventados, tan carentes de rostro, tan anónimos... Me pongo legítimamente celosa, porque en el semi-vacío de mis cosas no se distingue la distancia entre los años, entre la gente a la que le importo, a la que le importé, a la que le importaste, y a la que le soy absolutamente indiferente. Seguramente nadie me odia, ni siquiera eso. Todos siguen sin mí. Todo sigue sin mí. ¿Será posible que incluso tú puedas seguir ahí, tranquilamente, sin mí? Como tranquilamente ibas antes de mi, inclinando asientos en los que luego yo me incliné, entrando con alguien al lugar donde después entrarías conmigo duante cuatro años y más. No me perteneces por completo. Me gustaría oirlo todo, no debí haberme parado de la mesa. O no. Quisiera no haber oído nada, no imaginar nada, borrarte el pasado, aunque seguramente me dirías que no hay nada que borrar, aunque yo sepa que nunca ha habido alguien tan omnipresente, tan de larga duración como yo... Y te veía, ya a muchos temas de distancia, haciéndome cariñitos, y diciéndome tus ternuritas, segura de que nadie ha tenido todo eso de ti. Pero yo quiero comerme todos tus huecos, porque en mí no hay equivalente. Tú lo eres todo. Y más que eso: tú lo has sido siempre todo. El único fuera de sombras. El único tacto real.
Y mientras pienso en la fragilidad de tu incondicionalidad, me voy haciendo más parte del mobiliario, sintiendo la normalidad en el metro cuadrado que antes me asfixiaba, me oprimía.
¿Cuándo entenderé que la vida no es tan trágica, ni tan seria, ni tan definitiva, ni tan irremediable? ¿Hasta cuándo el miedo? ¿Hasta cuándo poder cantar a gritos, contar un chiste, hacer caso omiso de la presión por decir sólo lo medianamente inteligente, ocultar mis malos olores? Llorar en público, es lo único.
Posted at 06:31 pm by agua